dame la paz, la paz que miro
esta tarde otoñal de mi ventana
mientras se tiñe la extensión lejana
con la sangre de un zafiro...
a esta dulce quietud es cuanto aspiro:
ser el árbol que nace en la sabana
y no saber por qué; que cae mañana
y no tiene en sus hojas ni un suspiro.
pon en mi espiritu la suave
serenidad de la anturaleza
que de la duda y el dolor no sabe...
por ahora me gustaría convertirme en rosal o en río...
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