Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Carlos y era una persona corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Carlos llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre carlos, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar.
Ese pensamiento lo reconfortó. Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el proposito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre carlos.Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
miércoles, 20 de mayo de 2009
sábado, 16 de mayo de 2009
dame la paz, la paz que miro
esta tarde otoñal de mi ventana
mientras se tiñe la extensión lejana
con la sangre de un zafiro...
a esta dulce quietud es cuanto aspiro:
ser el árbol que nace en la sabana
y no saber por qué; que cae mañana
y no tiene en sus hojas ni un suspiro.
pon en mi espiritu la suave
serenidad de la anturaleza
que de la duda y el dolor no sabe...
por ahora me gustaría convertirme en rosal o en río...
esta tarde otoñal de mi ventana
mientras se tiñe la extensión lejana
con la sangre de un zafiro...
a esta dulce quietud es cuanto aspiro:
ser el árbol que nace en la sabana
y no saber por qué; que cae mañana
y no tiene en sus hojas ni un suspiro.
pon en mi espiritu la suave
serenidad de la anturaleza
que de la duda y el dolor no sabe...
por ahora me gustaría convertirme en rosal o en río...
viernes, 1 de mayo de 2009
Hace mucho tiempo atrás la luna tenía un amante, su nombre era kwekuatsu, con quien vivía en el mundo espiritual; todas las noches paseaban por los cielos juntos. Pero… uno de sus padres estaba celoso, Triksta, quería la luna para si mismo, asi que le dijo a Kwekuatsu que la luna le había pedido flores, le dijo que venga a nuestro mundo y que recogiera rosas.Kwekuatsu no sabía que cuando dejas el mundo de los espíritus, nunca puedes regresar.…Y cada noche mira al cielo y aulla su nombre. Pero… no puede volver a tocarla.
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